Yokainoshima: Charles Fréger

Entrevista: Hannah Whitfield

Once años después de que Charles Fréger viajara por primera vez a Japón en 2002 para fotografiar a los luchadores de sumo de Tokio para su serie Rikishi, el fotógrafo volvió al país nipón para empezar una nueva serie, Yokainoshima: un retrato excepcional de los misteriosos personajes enmascarados de algunos rituales japoneses. Charles quería reflejar la conexión entre el hombre y su tierra, y por eso eligió como escenario de los retratos arrozales, campos y mar, en lugar de situarlos en medio de los rituales o celebraciones en los que normalmente participan.

Hablamos con Fréger de su trabajo, de lo que aprendió sobre estas históricas tradiciones japonesas y de lo que pueden enseñarnos sobre los orígenes de la felicidad humana.

¿Qué te motivó a empezar este proyecto?
Al terminar mi libro Wilder Mann, empecé a buscar otras tradiciones similares en otros lugares del mundo. En Japón encontré una llamada Namahage, y me fui a la prefectura de Akita a investigar un poco de qué iba. Esto fue en enero de 2013, y al volver empecé a plantearme hacer algo más ambicioso. Compartí la idea del proyecto con la Fondation Hermès (que en ese momento me estaban apoyando), y les comenté la opción de sacar fotos por todo el país. En Wilder Mann hablé principalmente de tradiciones europeas de invierno, mientras que este proyecto quería abarcar las cuatro estaciones y viajar por todo Japón y sus islas. El proyecto terminó siendo una investigación enciclopédica sobre los bailes de máscaras japoneses y sus disfraces. 

¿Por qué te interesó este tema?
Quería documentar los bailes de máscaras japoneses centrándome en el Japón más rural, hacer algo muy centrado en las tradiciones agrícolas. La mayoría de los rituales que fotografié tienen que ver con la idea de celebrar la fertilidad de la tierra para conseguir una buena cosecha. Cada ritual es diferente. Muchos están relacionados con la agricultura, pero otros también piden protección para la comunidad o incluso contra los incendios. 

¿Crees que estas tradiciones, de alguna manera, hacen feliz a la gente que cree en ellas?
A veces la gente cree que estos rituales solo se continúan haciendo para perpetuar la tradición. Pero en realidad la gente sigue haciendo estos rituales porque son felices haciéndolos juntos. Estas tradiciones implican a toda la comunidad y están pensadas para unir a la gente. Pasa en todo el mundo. Creo que la mayoría de festivales europeos también existen porque somos animales sociales y necesitamos reunirnos. Algunos de los pueblos que visité estaban casi vacíos. El Japón rural está perdiendo su población porque la gente prueba suerte en las grandes ciudades. Pero aún vuelven al pueblo de vez en cuando, sobre todo durante estos festivales, para celebrarlos con su familia y amigos. Es algo muy potente. 

¿Qué puede uno aprender al convertirse en otra persona detrás de una máscara?
Algo muy particular de Japón es el hecho de que la mayoría de máscaras no cubren del todo la cara, y la mayoría de disfraces no cubren del todo el cuerpo. O sea que, de alguna manera, aún podemos ver parte de la persona detrás del personaje. No se trata tanto de esconder tu identidad, sino de jugar con ella. Una máscara siempre tiene dos caras: la exterior es la personalidad que proyectamos, y el espectador juega un papel clave a la hora de hacer que esta personalidad salga a relucir. Al otro lado está la persona dentro de la máscara y su comportamiento dice bastante de su propia personalidad. Algunos son muy distantes, otros se ve de lejos que están actuando, y otros se ponen verdaderamente en la piel del personaje. 

¿Cómo de importante es el contexto en estas fotos?
Mi objetivo nunca fue hacer un documental de los festejos sino crear una colección de personajes. Tanto en Wilder Mann como en Yokainoshima, el énfasis recae en la conexión entre estos bailes de máscaras y la naturaleza, así que una parte fundamental del proyecto es encontrar un escenario que esté vinculado a los disfraces, y encontrar una forma de fotografiar cada personaje en el contexto del paisaje. 

¿Qué es lo más importante que has aprendido haciendo este proyecto?
Cuando estoy trabajando, no suelo tener mucho tiempo de ocio, así que en cada proyecto he aprendido a disfrutar de las cosas y los momentos más simples. Cuando viajo, por ejemplo, los mejores momentos son cuando estoy comiendo con la gente local. Algunos días son mágicos. A veces todo sale bien y vives instantes de total harmonía: el paisaje, el tiempo, el personaje: entonces pasa algo increíble. Conseguir la foto perfecta requiere tiempo y dedicación. No es fácil. Tienes que trabajar duro, aunque también influyen el instinto y la suerte. Pero la satisfacción de conseguir lo que quieres y luego volver a casa con “mi trofeo”, es increíble. 

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