Por cada minuto que estás enfadado pierdes 60 segundos de felicidad

Entrevista: Johnny Crisp

Julian Germain nos cuenta la historia de la relación que inspiró su fotolibro “Por cada minuto que estás enfadado pierdes 60 segundos de felicidad”, publicado originalmente en 2005 y reeditado por tercera vez por MACK Books

“Es un título muy bonito. A la gente le gusta. Lo vi escrito en un trozo de papel en casa de Charlie. Cuando estaba haciendo las fotos, no pensaba que fuera a convertirlo en parte de mi trabajo, simplemente hacía fotos. Pero cuando vi que podía convertirlo en un libro, después de la muerte de Charlie, me puse a pensar en cómo titularlo y me di cuenta de que ese garabato improvisado podía ser un buen título.”

“Fui a Portsmouth a fotografiar un partido de fútbol y llegué muy temprano. Me llamó la atención la casa de Charlie porque era amarilla, mientras que el resto de casas de la calle estaban pintadas de color blanco o magnolia. Él estaba en la ventana que daba a la bahía vendiendo plantas, conchas y otras cosillas. Así que entré y así fue cómo nos conocimos. Compré unas cuantas cosas, charlamos un rato y quedamos en que me lo guardaría todo hasta después del partido. Cuando volví me invitó a una taza de té. Le hice algunas fotos y ya desde mi casa le mandé una. A partir de ahí empezamos a hablar por carta.”

“Me mudé al noreste de Inglaterra pero solía bajar a visitarle. Me gustaba fotografiarle pero tenía otros proyectos y simplemente me acostumbré a ir a verlo. Si tenía planes de viajar a la zona, le enviaba una carta y le proponía una fecha y él me contestaba si le venía bien, también por carta. No tenía teléfono.”

“Continué visitándole de vez en cuando. Íbamos a su huerto, nos sentábamos en el jardín o, si hacía buen tiempo, bajábamos a la playa. Alguna vez llevé a mis perros. Y luego, 8 años después, de repente dejó de responder a mis cartas. Así que decidí bajar a verle. Cuando llegué a su casa, un chico joven me abrió la puerta. No conocía a Charlie. Después me enteré de que le habían entrado a robar y se había mudado a una residencia de ancianos pero como no era familiar suyo no me dijeron dónde estaba. Durante 10-11 meses no pude localizarlo. Finalmente un policía local contactó con su hija y ella me llamó. Así que pude ir a verle. Era el verano de 1999. Charlie estaba muy débil y lo siguiente que oí de él fue que se había muerto.”

“Este es el proyecto más personal que he hecho en mi vida. Cuando intenté analizar por qué me atrajo un personaje como Charlie, en mi libro explico que él actuaba o reaccionaba a las cosas de una forma totalmente distinta a como lo haríamos mis amigos y yo.”

“Por ejemplo, Charlie me preguntaba si me apetecía escuchar música, sacaba un disco y nos poníamos a escuchar la canción, los dos sentados sin hablar hasta que el tema o el álbum terminaba. Luego se levantaba, sacaba el disco, y nos poníamos a hacer otra cosa. Eran pequeñas cosas como estas las que verdaderamente me hacían pensar. Charlie era un antídoto a la vida moderna, a las prisas y el estrés. Él me enseñó a tomarme las cosas con calma y a valorar lo que tengo.”

“Su casa era un pequeño oasis de tranquilidad. Él siempre estaba allí. Charlie simbolizaba para mí un ritmo de vida distinto. Mi relación con él no me aportó más que buenos momentos.”

 

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