El fútbol de los domingos

Fotos Chris Baker

El fútbol de los domingos es lo que da vida a Inglaterra. Está tan arraigado en la cultura local que todo el mundo conoce a alguien que juega al fútbol los domingos. Ya sea un hermano, padre, primo, amigo… es imposible no tener algún vínculo con esta tradición. Es algo que pasa a nivel estatal y desde siempre.

La mayoría no son muy buenos jugadores. De hecho, creo que es justo decir que si juegas en las ligas de fútbol de los domingos eres bastante malo, porque no has llegado a ninguna parte. Ahí reside la ironía: vas a jugar a algo para ponerte en forma, pero la mayoría de la gente va a jugar con resaca, están en muy poca forma y ese es el único ejercicio que hacen en toda la semana. Es la gracia. No tiene nada que ver con ser habilidoso jugando, sino que se trata más bien de gente con ganas de ponerse unas botas y correr bajo la lluvia y el frío, y sobre todo, lo importante es el buen rollo que se genera.

Yo jugué desde los 11 hasta los 15 años. Luego hice algunas pruebas para entrar en varios clubs profesionales pero no era suficientemente bueno. No me cogieron. Me acuerdo de que me sentí muy frustrado. Y me alejé del fútbol. Dejé de disfrutarlo. Cuando volví a ser capaz de divertirme jugando tenía ya 18 años. Jugaba con un grupo de tíos que no tenían el mismo nivel que yo ni estaban tan en forma pero daba igual. Lo importante era pasar tiempo con ellos, los ratos en el vestuario, las birras de después y las barbacoas del domingo por la tarde.

Cuando empecé este proyecto me di cuenta de que tampoco necesitas establecer un vínculo muy personal con esta gente. Todos conocemos de sobras a los diferentes tipos de personajes: el delantero al que le gusta llamar la atención, el defensor estoico, el árbitro problemático, el que viene con su perro y el que siempre llega tarde porque salió la noche anterior. Y todo el mundo lo entiende por todos nos conocemos más o menos. Y lo único que buscamos es recrear esos recuerdos y sensaciones de cuando teníamos 10 u 11 años y jugábamos con nuestros amigos en el patio, sin estrés ni preocupaciones.

Saqué una foto desde la distancia en la que hay alguien que acaba de marcar un gol y se ve a otro chico meando en los arbustos del fondo. Seguramente he sacado fotos similares una veintena de veces. También hay otra muy buena, que siempre me hace reír: sale un chico corriendo con la lengua fuera y sin camiseta. La hice a los 5 min de empezar el partido y tuvieron que sacarlo del campo porque tenía mucha resaca. La portada del libro también me gusta mucho. El tipo me vio con la cámara, se levantó la camiseta y me dijo: “Toma foto”. Mis favoritas son las de detalles: alguien cambiándose en el lateral, fumando un cigarrillo. Todo esto es la esencia del fútbol de los domingos. El fútbol une a la gente pero, al final, lo importante no es el fútbol.

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