Subir para ganarse la bajada

Fotos y texto: Zeger Dox

Todavía es oscuro en el pueblecito de La Grave, en Francia, cuando el olor a café nos saca de la cama. Después de un desayuno rápido, ponemos nuestros pies llenos de ampollas dentro de las botas de esquí, todavía mojadas de la noche anterior. El aire helado llena nuestros pulmones mientras revisamos el transceptor de avalanchas antes de salir a la aventura otra vez.

Poner una pala para cavar y una sonda para avalanchas en tu mochila da un poco de mal rollo. Siempre deseas no tener que usarlos nunca. Y te das cuenta de que no tienes margen de error. Estas montañas siempre tendrán la última palabra.

El ascenso es como una meditación. Deslizamos un pie y luego el otro durante horas. En lo más alto, sacamos las pieles de foca de los esquís. Comemos un trocito de chocolate y bebemos unos sorbos de té para calentarnos. Nos atamos bien las botas, ponemos los seguros y, ¡ahí vamos!

A menudo la gente nos pregunta que por qué no vamos a una estación de esquí y pillamos el telesilla para subir hasta la cima en un pispás para bajar luego esquiando. Y la respuesta es que disfrutamos mucho más de cada bajada y de cada curva cuando sentimos que nos la hemos ganado.

Una camiseta de la tienda de esquí del pueblo lo resume a la perfección: “Il ya en a qui consomment et d’autres qui prennent le temps”: “Algunos consumen el tiempo, otros se toman su tiempo”.

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