De la abuela, con amor

Esta es mi abuela. Podría ser una abuela cualquiera, pero es la mía. Se llamaba Rosa y trabajó como dueña (junto a mi abuelo Joan) y cocinera durante años en un restaurante familiar llamado Bar “La Granja”.

(En la foto de abajo ella es la primera mujer empezando por la derecha. Sí, la que no mira a cámara y está sonriendo).

Cuando yo nací, el bar-restaurante lo llevaban ya unos parientes, mi abuela se había retirado oficialmente de los fogones, aunque siguió (por suerte) utilizándolos en el entorno familiar. En casa, cuando se hablaba de ir a comer aun restaurante, mi abuelo solía negarse, argumentando que por qué gastarse el dinero fuera si en casa siempre íbamos a comer mejor. Mi abuela era reconocida entre los miembros de la familia como una cocinera de gran talento.

La comida era su gran pasión. Le gustaba comer, es verdad. Pero lo que le hacía feliz, lo que daba sentido a su vida era ver como sus seres queridos disfrutaban con lo que ella ponía en la mesa. Los últimos años de su vida ella vivió por y para cocinar ricas recetas para la familia. Era lo que la hacía sentir útil (mi madre, a los 60 años aún se llevaba tupperwares cuando la iba a visitar). De hecho, creo que la cocina, aunque los médicos dijeran que el sobrepeso no ayudó a su salud, alargó la vida de mi abuela unos años.

Su cocina era la tradicional de la gastronomía catalana y española. Su paella estaba riquísima, sus caracoles a la gormanda eran de vicio, su conejo con salsa, sus huevos con bechamel… aunque mi favorita era la berenjena rellena de carne. A sus 90 años, mi regalo de cumpleaños para ella (y el resto de miembros de la familia) fue un librito que recopilaba algunas de sus más “célebres” recetas, transcritas por mi madre con su puño y letra. Puedes echarle un vistazo y descargártelo aquí (eso sí, se requieren conocimientos de catalán).

La buena comida deja siempre la barriga contenta. Pero es que la comida de las abuelas tiene algo especial y es siempre reconfortante, también a nivel psicológico. Para ti, nadie cocina mejor que tu abuela. Y muchas veces cuando más te acuerdas de ello es cuando estás viajando o, simplemente, lejos de casa. Por eso, cuando el fotógrafo Gabriele Galimberti se fue a dar la vuelta al mundo, decidió rendir homenaje a todas las abuelas del mundo a través de su visor. El resultado es un libro de recetas mezcla de amor, fotografía y viajes que retrata abuelas y sus platos estrella alrededor del globo. Aquí os dejamos con algunos ejemplos visuales:

Tajiné de pollo – Eija Bankach, 62 años -€“ Massa, Marruecos

Queso Humacha (verduras con sopa de queso fresco) – Julia Enaigua, 71 años – La Paz, Bolivia

Bisón bajo el sol de medianoche – Kathy O’€™Donovan, 64 años – Whitehorse, Canadá

Acelga suiza y ravioli de ricotta con salsa de carne – Marisa Batini, 80 años – Castiglion Fiorentino, Italia

Cordero en salsa criolla – Serette Charles, 63 años – Saint-Jean du Sud, Haiti

Silke €“ (arenque con patatas y requesón) – Inara Runtule, 68 años – Kekava, Latvia

Injera (pan plano parecido a una crêpe) con curry y verduras – Bisrat Melake, 60 años – Addis Ababa, Etiopía

Inkokt Lax – (salmón hervido y verduras) – Brigitta Fransson, 70 años – Stockholm, Sweden

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